miércoles 8 de julio de 2009

Pues ya está.

Y ahora, por mucho que le duela, haga usted vida normal, que dice el médico.

En una reciente conversación sobre Lost, un amigo me comentó que existe una teoría científica que dice que el libre albedrío no existe, todo se reduce a la física cuántica (sí, hablábamos de las incoherencias posibles en los capítulos de la variable y la constante). Es decir, el cerebro humano está formado por células, las células por moléculas, las moléculas por átomos... y todos los átomos del universo tienen un comportamiento determinado. Entonces, el comportamiento ya determinado de los átomos guía el de las moléculas, que guía el de las células que controlan todo lo que nos pasa en la vida...

Es curioso, porque uno no termina de creérselo. Imagínate sino cómo es posible que la física cuántica haya creado... a Superman... No lo entenderé nunca. ¿Estaba predeterminado? ¿Iba a existir así porque sí?

Esto te lleva a reflexionar sobre otras cosas. Más concretamente la teoría de la repetición cíclica universal que sale en K-Pax, una que dice que una vez se termine este universo, comenzará otro igual, en el que todo volverá a ocurrir de la misma manera, y volverás a vivir tuvida una y otra y otra y otra vez. Quizá esto ocurra por lo que determina la física cuántica que comentaba antes, no lo sé. Esto es una cosa buena, porque sabes que vas a tener infinitas oportunidades de volver a vivir los mejores momentos de tu vida. Aunque solo vas a tener una oportunidad de enmendar los malos.

Sigo consolándome con la física cuántica (si, alguno ya debería de haber averigüado el por qué de esta entrada hace tiempo). Ahí está el Dr. Manhattan, al que todo lo que le ocurre se la pela, porque para él el tiempo es simultáneo. Ojalá algún día mi consciencia se expanda y sea capaz de percibir todos los momentos de mi vida a la vez. Así podré comparar los buenos con los malos para ver si merecen la pena... y sobre todo, volver a vivir los buenos.

Porque todo en la vida se reduce a una colaboración guionista-dibujante. Hay guionistas al estilo Marvel, que te escriben "páginas ocho a doce, Spiderman contra Octopus, gana Spiderman", y luego los del estilo DC, que te delimitan hasta el ángulo de las viñetas con planos aberrantes. Yo cuando escribo intento coger lo mejor de ambos, pero sobre todo, intento adaptarme al dibujante. Todos los dibujantes son diferentes, y cada uno tiene sus filias, sus fobias, sus preferencias... Así que lo ideal, cuando eres guionista es saber adaptarte y saber escuchar. Tienes que saber escuchar lo que quiere desde el principio, si le gusta que le den tal o cual información, si tienes que especificar si es de día o de noche en el guión, la forma, tamaño y disposición de las viñetas...

Y entonces encuentras la relación perfecta, un 50% en el que todo va bien. Tu haces tu 50% confiando en que el dibujante sabrá interpretar tus guiones. Todo va bien durante un tiempo. Siempre hay discusiones, algún dibujo que no te gusta, o alguna trama que se niega a dibujar, pero quitando eso... nada grave.

Y de repente un día dices "Esta viñeta no me gusta aqui, cámbiala" confiando en que esa relación que creías tener al 50% era clara para los dos, y tu dibujante la entendía de la misma manera. Pero no, parece que esa viñeta lo era todo para el dibujante. Esa viñeta significaba el cómic. Esa viñeta insignificante, que no te terminaba de gustar ya desde hace tiempo, resulta que es el detonante del fin de una colaboración fructífera. Resulta que el dibujante comienza a gritar y a decir que hace mucho tiempo que está cansado de tus historias y tu estilo. Que tienes que madurar, que no sabes escribir, que tiene ofertas mejores con otros guionistas, que llevaba ya mucho tiempo pensando que esto no funcionaba, y que la narrativa de sus páginas no brillaba tanto como tenía que brillar.

Y se acabó. Tenías millones de tramas preparadas. Un montón de historias listas, la mayoría de ellas inspiradas por tu dibujante y sus dibujos (aunque a su estilo también le faltaba madurar, y siempre había hecho cosas que no te gustaban, pero jamás lo habías tomado como algo importante en el resultado final, porque creías que debías respetar esa colaboración al 50%, aunque parece ser que eras el único que pensaba así, que el 50% el dibujante se lo pasa por el forro y que todas esas cosas que te callaste, no deberías habértelas callado porque ahora no puedes - ni quieres- usarlas en su contra).

¿Y qué se hace con todas las ideas que tenías para una serie obligada a su cancelación? ¿Esperas a un dibujante sustituto? ¿Vas llenando la serie de Fill-Ins hasta que pierda ventas y te toque comenzar una nueva mucho tiempo después? ¿Piensas que todo tu trabajo ha sido una pérdida de tiempo por muy orgulloso que estuvieses de él?

¿Qué haces cuando ya sabes que las páginas de todos los números que ya estaban escritos, apalabrados y dibujados pero faltaban por publicar, van a llevar un pequeño retoque por photoshop para ser publicados en otra colección, con un argumento plagiado del tuyo? ¿Qué haces cuando piensas que no vas a volver a tener otra colaboración que funcione tan bien y que para ti esa viñeta no era para nada importante, solo aglo que había que quitar de ahí?

Pues no haces nada. Si te duele, como dicen los médicos, haces vida normal.

martes 30 de junio de 2009

Otra víctima de la crisis.

Yo tuve una infancia larga y feliz. Soy un nostálgico empedernido, así que quizá esa sea la razón por la que me gusta conservar todas las cosas que me recuerdan cuando era pequeño. Habrá quién pueda opinar que por ello colecciono cómics o me comporto como un niño de diez años. Pero no es solo eso, me gusta tener localizados los objetos que me recuerdan a mi niñez, me gusta mantener cerca de mí todo lo que pueda ser recordatorio de aquella época tan feliz de mi vida. Aunque hay veces, que esas cosas escapan a mi control.

Soy muy amigo de comer golosinas. De pequeño incluso llegué a sistematizar un método (patente en trámite) para que su duración y sabor fuese tan largo como fuera posible, dado que en mi familia se comían golosinas simplemente cuando salíamos de paseo, y solo se podían gastar en ellas unas 75 pesetas (recuerdo los tiempos de las 85 pesetas, cuando había cuantía económica, o las 100 pesetas en las fiestas, cumpleaños y navidades).

Ahora que soy más mayor, soy amigo de devorar golosinas en ocasiones especiales, véase hoy, que por fin ha caído en mis manos el tomo de All Star Superman tan largamente esperado. De ahí que pasase por mi kiosco habitual (el mismo al que voy desde que nací, dado que está en mi barrio y se abrió a los pocos meses de mi llegada a este mundo) y cogiese algunas bolsas de todas aquellas golosinas que recuerdo y como desde que era pequeño. Pelotazos, Jumpers, Monchitos, e incluso dos variedades de Doritos (la verdad es que estas no comenzaron a gustarme hasta la preadolescencia). La cuestión es que los chaskis del dinosaurio ya no estaban en el hueco que junto a los Monchitos (y donde años atras se alzaban con su artesanalmente rotulado cartel de "10 pts." los Aspitos).

Ahora me lamento, y os parecerá estúpido, dado que estoy escribiendo un post sobre ellos. Pero no recuerdo su nombre. No sé si aquella deliciosa y celestial golosina más digna de los dioses que de nosotros, simples mortales, se llamaba chaskis o triskis o cualqueir variedad en la que se combinasen Ks, Qs, Ies latinas e Ies griegas buscando evadir algún tema legal derivado de los derechos de autor de una marca comercial. Lo único que recuerdo es una bolsa blanca, con un cocodrilo verde que vestía una gorra y lo que cuando yo era pequeño se denominaba "look playero" (una camiseta de tirantes y un pantalón corto que parecía largo, algo que actualmente ha pasado a ser conocido como "look rapero"). Eran pequeños anillitos de vete a saber qué (dejé de creer que estas cosas estaban hechas de patatas o cereales y tenían sabor a "verdadero jamón" o "verdadero queso" cuando dejé de creer en los reyes magos, para mí, estaban hechas de lo mismo que estan hechos los sueños y los anuncios de compresas), color amarillento, olor rancio y sabor plasticoso, que me tenían completamente obnuvilado desde mi más tierna puerilidad (¿alguien sabe si esta combinación de palabras es al correcta? que se me acaban los sinónimos).

Y sin embargo, ya no están. Se han ido. Desaparecieron de su privilegiado lugar en aquel estante rayano al suelo. ¿Es culpa del kioskero? ¿De las distribuidoras? ¿De la empresa (que jamás recordaré cuál era? No lo sé. Yo diría que de la tan mentada crisis.

Y es difícil, porque estos "snacks salados" habían permanecido impasibles, en la misma bolsa, con los mismos tamaños y sabores durante los más grandes enfrentamientos golosineros de la historia. Había pasado de costar 10 pesetas a costar 15 cuando se acercaba el euro. Pasó de costar 15 pesetas a costar 10 céntimos cuando el euro llegó, y en los últimos años, había alcanzado el desorbitado (y aún así pequeño) precio de 15 céntimos de euro. Al que me diga que es por la inflación, que reflexione si a él le han subido el sueldo un 250% en seis años, porque es lo que ha subido el precio de las golosinas.

Así que desde aquí mi adiós, a uno de esos pedazos de infancia que se me va. Una de esas bolsitas que siempre compraba cuando me sobraban 15 céntimos en las vueltas del kiosco, antes de llegar a las 25 necesarias para las matutano de gama baja, y por encima del "dame dos golosinas sueltas". Lamento no haberme enterado de que se iban hasta el momento en que se fueron. Lamento haber olvidado ya su nombre y su sabor. Lamento no haber podido darles un último homenaje comprando un centenar de ellas para acumular por siempre con tan solo 15 euros...

Pero así ha sido.

Hubo quién dijo que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. En este caso es tan cierto como que respiro.

ACTUALIZADO
Acabo de descubrir que la cosa en cuestión se llamaba "Cocodrilo CHIPS" y la vendía Pegui. Y que se puede comprar por internet.

domingo 21 de junio de 2009

Otro stand by

Que me voy a Londres de viaje en un par de horas así que... dejo esto en stand by veraniego. A cuidarse mucho, he vaciado la nevera, así que lo que sea os lo compráis vosotros.

jueves 18 de junio de 2009

Tardes de verano

Imagina que a tus amigos les da por... no sé, por hacer marionetas. De otros amigos, de osos polares vestidos de persona, de perretes...


¿Qué es lo primero que se te ocurriría a ti hacer con esas marionetas?


¡EXACTO!


Ah, por cierto, el fanzine se llamará ANDERGRAÜN y contará con: prólogo de Cels Piñol, colaboración (por confirmar del todo) de Carlos Areces y portada de un autor español de cierto peso internacional.

Y hasta ahí puedo leer.

lunes 1 de junio de 2009

Parecidos irracionales

Sí, nadie se había atrevido a decirlo, pero yo voy a descubrir la verdad.

Emilio Aragón lleva años dibujando cómics para los EEUU.

No es broma.

Aparte de payaso, propietario de cadenas, músico, actor y otras tantas cosas más, es dibujante de cómics de superhéroes.

Por supuesto, como todo buen ser-fenómeno-mediático necesita ocultar su identidad mediante un pseudónimo, pero yo lo he descubierto.

Y aquí tengo la prueba:


















Todd Nauck es en realidad Emilio Aragón.

No, por favor, no aplaudáis, todo el mérito es mío, no queráis llevaros una parte.